Mis años de bachillerato han sido (hasta el momento, siempre optimista) los menos agraciados. La pubertad y adolescencia son una experiencia horrible de cambio, donde supuestamente te vuelves rebelde pero lo cierto es que te conviertes en esclavo de las masas. Cuando cumplí los 13 me emocionaba el prospecto de que mi edad en inglés terminada con teen, poco tiempo pasó para enfrentarme con otra realidad mucho menos glamorosa o divertida de lo que mostraba las series de Disney y Boomerang.

Vivo en un país que recién se dio cuenta que la vida no es tan linda como se la pintaron hace 17 años. En sus años de pubertad cuando apenas se estaba formando y todavía no había simetría y buenas proporciones le anuncia la llegada de la adolescencia, el momento en donde habrá libertad, prosperidad, autonomía y seguridad. Hasta que se dieron cuenta de que el paraíso prometido en realidad es una montaña rusa con fuertes subidas pero también fuertes bajadas.

Mis amigos empezaron a crecer mientras que yo me quedaba redonda y chiquita, y recuerdo con pasmosa claridad el doloroso ciclo de mi cabello. Cuando tu cabello es poco y liso hay solo una corta lista de peinados y estilos que puedes tener. Rodeada de muchachas que para mí eran Rapunzel era una tortura tener que cortármelo de nuevo y para ponerlo peor, incluirle una pollina. En resumen: Caos total.

La cosa es que con cada corte cerraba los ojos para luego abrirlos con secreta decepción. Venezuela, como toda adolescente comenzó una vertiginosa bajada llena de malas decisiones, personas que desean una mejor situación pero que se les olvidó abrir los ojos tal vez por temor a ver el peor resultado de sus vidas.

Hace dos días me corte el cabello de nuevo, y decidí, fastidiada de lo mismo de nuevo incluirle una pollina. Secretamente esperaba verme como alguna chica de revista mientras escuchaba las tijeras hacer el corte definitivo. Cuando abrí los ojos no supe si era lo que quería. Una parte de mí se remontó a los penosos años de adolescencia cuando una y otra vez cometía el fatídico error de decidir por pollina. La otra, la más grande, se sorprendió gratamente de los resultados. Frente a mis ojos había una muchacha con pómulos definidos y cuello largo, todavía bajita pero ciertamente ya no redondita. Pisar firmemente los 20s en definitiva cambia la perspectiva (solo cuenta cuando ya tienes 21, antes no). Aunque no me siento ni soy una adulta, atrás quedaron los años de bochornosa presentación.

Ahora Venezuela llegó a una etapa rebelde. Basta de malas decisiones, basta de publicidad barata, basta de promesas vacías. La vida hay que ganársela a pulso con dignidad y sacrificio. Vivo en un país con una sociedad inmadura, que poco a poco está despertando del estupor hormonal en el que ha estado sumergido. No los culpo, toda sociedad pasa por un ciclo y otras más viejas pareciesen que andan con la crisis de la mediana edad.

Siempre llega un punto en donde necesitamos un nuevo corte de cabello, nosotras mujeres hijas de los Andes, el Orinoco y las costas a veces tenemos que cerrar los ojos y sentir el ras del filo y siempre recordar abrir los ojos con la valentía de una guerrera y enfrentarse con la posibilidad de que nada es como lo esperabas.

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Andrea Molina
Editora @RevistaPCD. Me gusta el te negro y estudio Francés. Estudiante de Psicología. Preparadora Universitaria.