Se cumplen ahora 205 años desde que Puerto Cabello fuera elevada a ciudad, al otorgársele el correspondiente Título por parte del Supremo Poder Ejecutivo, apenas constituido tras el nacimiento de la república en el año mil ochocientos once. Sobre el episodio hemos escrito el ensayo “Puerto Cabello: Tiempos de Bicentenario”, que sirvió de marco histórico al libro Puerto Cabello: Voces para un Bicentenario (1811-2011), cuya coordinación nos fuera encomendada; dicha obra recoge las conferencias dictadas por calificados y reconocidos investigadores en torno al tema, producto de un ciclo de charlas que organizadas por la Academia de Historia del Estado Carabobo y la Cámara de Comercio local, buscaban informar a la colectividad con mayor profundidad sobre los antecedentes y significación de dicha celebración. Aún así, la efeméride continúa sumida en el desconocimiento de muchos y, hasta cierto punto, duerme bajo la sombra de otro importante hecho para la ciudad, como lo es la Toma de Puerto Cabello. De allí que nunca esté de más revisar el tema para divulgarlo y estimarlo en su justa dimensión, lo que nos proponemos hacer en los próximos párrafos.

A finales del siglo XVIII, Puerto Cabello como conglomerado humano tenía la condición de Tenientazgo, bajo la jefatura de un funcionario llamado Teniente Justicia Mayor o comandante militar, dependiente aquélla de la jurisdicción valenciana. Tal circunstancia determinó que los porteños adelantaran innumerables diligencias para lograr una organización administrativa acorde con el tamaño de la población e importancia del puerto, capaz de dar respuesta a los numerosos problemas que desde el punto de vista urbanístico y socio-económico enfrentaba, esfuerzos que se vieron recompensados tan solo con su elevación a Diputación en 1787.

Los acontecimientos del 19 de abril de 1810 anuncian aires de independencia, y apenas el 24 del mismo mes, los vecinos más notables del puerto, reunidos en la sala de la Diputación, se pronuncian unánimemente a favor del movimiento de Caracas, jurando solemnemente obedecer y sostener el Gobierno que de él había surgido. Tras la declaración de independencia, nuevamente la Diputación local muestra su fidelidad al movimiento emancipador, apenas el 9 de julio de 1811, reconociendo y apoyando la decisión del Supremo Congreso instalado en Caracas. La abierta adhesión de los porteños al movimiento que aboga por la república independiente, marca un claro desencuentro con los vecinos de Valencia, quienes  se declaran a favor de la conservación de los derechos de Fernando VII. Puerto Cabello no se amilanó ante las amenazas venidas de su vecino, contestándole en extenso y valiente documento.

“el 5 de agosto de 1811 se le concede a Puerto Cabello el privilegio de Ciudad”

No es de extrañar, entonces, que tan importantes servicios a favor de la patria independiente, le valiera a los porteños el respeto del Ejecutivo Nacional, tras el establecimiento de la Primera República, en recompensa por su incondicional fidelidad al establecimiento del nuevo orden. Así, el 5 de agosto de 1811 se le concede a Puerto Cabello el privilegio de Ciudad otorgándole el respectivo Título, firmado por don Baltasar Padrón, Presidente en turno del Supremo Poder Ejecutivo de los Estados Unidos de Venezuela, “señalándole por suburbios las Parroquias de los Valles de Patanemo, Borburata San Estevan, Guayguaza, Aguacaliente, Alpargatón y Morón, declarándola cabeza de Partido, y con la calidad de crear una media sala, que es la que se le ha señalado con el número de seis individuos que han de ejercer los oficios concejiles de la República, en lo sucesivo y un escribano de Cabildo, sujetos todos a lo que declarase el Supremo Congreso…”. Inicia sus actividades formales el Ayuntamiento de la Ciudad de San Juan Bautista de Puerto Cabello, comenzando así su transitar como cabildo autónomo. Se trató, sin duda alguna, de un éxito de la sociedad civil de aquellos años, que finalmente veía recompensada el esfuerzo y tenacidad del colectivo por dejar de ser un apéndice de la capital carabobeña.

Igualmente importante para la ciudad es otra efeméride, nos referimos a la llamada Toma de Puerto Cabello, que celebra la hazaña del General José Antonio Páez y sus hombres en noviembre de 1823, al ocupar la inexpugnable Plaza Fuerte que perdiera Bolívar en julio de 1812, como preludio de la pérdida de la llamada Primera República. Los realistas se habían atrincherado en la ciudad marinera, luego de la derrota en el Lago de Maracaibo (24 de julio de 1823), correspondiendo al catire Páez sitiarla y sorpresivamente burlar sus defensas el 8 de noviembre de ese año. Tras contundente derrota, el General Sebastián de la Calzada, sus oficiales y tropa abandonan la ciudad con destino a Cuba, terminando de esta manera la ocupación española del territorio venezolano. ¡El último Bastión de Castilla, como le llamara nuestro recordado cronista don Miguel Elías Dao, al fin en manos de los venezolanos! En contraste con el 5 de agosto, no es difícil advertir que esta fecha tiene una connotación eminentemente militar.

“llama  la atención la propensión a celebrar los hechos de la Toma por encima del otorgamiento del Título de Ciudad

Ambas celebraciones, en nuestra opinión, son igualmente importantes cada una en su respectivo contexto. Sin embargo, llama  la atención la propensión a celebrar los hechos de la Toma por encima del otorgamiento del Título de Ciudad, quizá por esa costumbre casi obsesiva de rendir culto a los hechos de armas, dejando de lado las ejecutorias civiles que contribuyeron a dar forma al gentilicio que nos debería convocar como ciudadanos. Es por esa razón que desde hace algunos años venimos abogando, junto a un importante número de personas e instituciones, por la declaratoria del 5 de agosto como el Día de Puerto Cabello, lo que ha encontrado una muy tímida receptividad y respuesta en las autoridades locales.

Celebrar este día en su justa dimensión no solo nos permite rendir homenaje a los nombres de don Esteban de Olavarría, don Fernando Salavarría, don Francisco Montero, don Vicente Lartegui, don Manuel Gómez, don Gabriel Salom, don Juan Diego Ponce, don Manuel Lardizaval, don Pedro de Herrera, don Pedro Ignacio de Laza, don Pedro del Castillo y tantos otros conocidos y anónimos que, como lo hemos mencionado en otra parte, trabajaron afanosamente para lograr una organización administrativa idónea y autónoma, que permitiera a los vecinos del puerto alcanzar mejores condiciones de vida, sino también nos ayudaría a reflexionar sobre el compromiso de una sociedad civil con su entorno urbano, reafirmación de una porteñidad que tanta falta nos hace hoy para elevar la autoestima de quienes habitan esta tierra, en especial, de sus jóvenes.

E-mail: jose.sabatino@sabatinop.com

Twitter: @PepeSabatino

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