El sol no había salido cuando ella le dio un último abrazo. Poco a poco al horizonte se vislumbraba vestigios de promesa de un nuevo amanecer cuando la vio pasar hacia el avión. El cielo era naranja para el momento en que hubo movimiento real, así como las turbinas tomaban fuerza también las lágrimas que eran derramadas. El sol se alzaba omnipotente mientras que los oídos de la mujer eran envueltos por la tormenta que supone el despagar. Vio cómo su princesa se alejaba de ella, cursando las nubes y un futuro diferente. En tierra no era la única que lloraba, ni la única que ya empezaba a sentir un vacío en el pecho.

Los números son evidentes en los salones de clase, en las reuniones familiares, en las salidas de amigos, en el entorno laboral: El venezolano está emigrando.

Aunque las cifras no son exactas se calcula que en los últimos 15 años, 1.5 millones de venezolanos han dejado su tierra natal para unirse a la aventura de encontrar mejores oportunidades de las que creyeron hubiese en su país natal. Frente al agravio de la crisis económica y humanitaria que azota la bella tricolor desde hace dos años, más son los oriundos que empacan su vida en una maleta y saltan al vacío de la incertidumbre.

Hemos visto las cartas de quienes se van y de quienes vuelven y tal vez por ello es que Desorden Público la boto con su canción a inicios del año, llenándonos de esperanza y motivación, también de nostalgia y algo de dolor. Muchas son las personas que se despiden, la foto con el piso (obra del artista cinético Carlos Cruz Diez) se ha vuelto símbolo del Adiós en Venezuela. Sin embargo hay una población que guarda en si todo el dolor y al mismo tiempo toda la alegría de la partida: Los padres.

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Son estos seres, especialmente las madres, en donde se condensan las emociones más torrenciales que van desde la alegría hasta el dolor, pasando por la preocupación y la duda, el miedo y la expectativa. Los padres quienes por muchos años se dedicaron a enseñar, proteger, cuidar y mantener a sus hijos, ahora les toca verlos salir del hogar e iniciar su propia vida. En la familia se da un ciclo de vida natural, que comienza con la conformación de una pareja, el nacimiento del hijo, su crecimiento y finalmente la salida de este hijo y es aquí donde nos centraremos hoy. La salida de los hijos del nido familiar es motivo de sentimientos de soledad y tristezas para los padres y a este cúmulo de sentimientos y pensamientos se les llama Síndrome del Nido Vacío.

Caracterizado por un “vacío, una falta en el día a día”, el Nido Vacío resulta una crisis para los padres que de repente se encuentran con más tiempo libre y al mismo tiempo más camas vacías. Sin embargo los psicólogos han determinado que tal etapa es fundamental tanto para hijos como padres. Para el hijo representa el inicio de una vida independiente que lo llevará a la autosuficiencia, adquiriendo las herramientas que solo pueden aprenderse fuera de la casa.

Igual de importante, para los padres significa la posibilidad de retomar e iniciar proyectos para los que antes no se contaba con tiempo o energía. Aunque el extrañar y añorar el tiempo parental es normal, una clave fundamental para superar el Nido Vacío es conectarse de nuevo con los deseos personales y crear nuevos espacios para el aprendizaje de habilidades aún no dominadas. Se recomienda que en este tiempo los padres busquen temas de su interés que antes no había podido desarrollar: un nuevo idioma, gastronomía, la carrera universitaria que siempre quisieron. Bajo el lema de “nunca es tarde para comenzar”, el Nido Vacío le presenta al padre o madre los deseos olvidados o puestos en pausa, para finalmente ser satisfechos.

Otro factor importante para una sana resolución de esta etapa está dada por las relaciones interpersonales que sea puedan manejar. La salida de los hijos puede permitir el reencuentro de los padres a ser pareja conjunto con sus aspiraciones, o bien puede significar la oportunidad de explorar de nuevo el ámbito romántico a quienes no habían podido por dedicarse a sus hijos. Así mismo, los padres tendrán más disponibilidad para re-conectarse con sus amistades y obtener nuevas amigos con quienes compartir.

Finalmente es crucial que la madre y el padre entiendan que el hecho de que sus hijos ya no se encuentren en el hogar, no significa que dejen de ser parte de él, estos siguen siendo parte del núcleo familiar porque el rol de padre no ha acabado y cuando sea necesario estos acudirán para auxiliar al ser amado.

¿Qué hacer cuando mi hijo está en otro país?

La tecnología ha superado las barreras de la comunicación, el uso del Skype, WhatsApp Calls, FaceTime entre otras aplicaciones, proporciona un canal comunicativo directo y en vivo con los seres queridos que se encuentras lejos pero no ausentes en nuestras vidas. Sentir las emociones, tristes o alegres y comunicarlas es parte del proceso. Vivir un día a la vez y permitirte sentirte feliz por las pequeñas cosas que vivas, como ser único, mientras que al mismo tiempo te alegras por el bienestar de tu hijo es parte de un proceso natural y que como padre no te encuentras solo.

Pensar en el hijo que se va del país (el hermano, amigo o compañero) bien puede traer un sabor amargo bajo las condiciones en que Venezuela se encuentra, pero es importante recordar que cada joven y no tan joven que elige continuar su vida fuera de su tierra natal está continuando con el ciclo natural de las personas.

Si a esa salida natural, sientes que hay sentimientos de rencor y odio, que no permiten el avance en tu vida, o te ha embargado una profunda tristeza que no te deja disfrutar, recuerda que existen psicólogos entrenados en brindar apoyo y una guía para la resolución del conflicto. Pedir ayuda es una forma de ser valiente y darse a uno mismo el tiempo y cariño que necesitamos, pero eso sí, debes tener claro que la resolución del problema está en tus manos, y que los hijos, tal como lo dice un célebre poema: son hijos de la vida, que tienen sus propios pensamientos y vicisitudes.

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