Madame Satã (2002)

Sao Paulo en los ‘80 y el nightclub Madame Satã vivía su época de oro. Recinto del New Wave y la bohemia brasileña, el atractivo de la aglomeración de los más importantes personajes culturales en sus pistas de baile fue puntapié para la creación de establecimientos de la misma índole en urbes como Nueva York y Londres; pero el glamour y las luces del intelectualismo de Madame Satã vienen de un lugar mucho más lúgubre y excesivo, y de alguien que convirtió a la señora de Satán en sinónimo de la vida nocturna del Río de Janeiro del siglo XX.

En el 2001, Karim Aïnouz comenzó el rodaje del biopic de Joao Francisco dos Santos, mejor conocido como la legendaria reina de la noche carnavalesca Madame Satã. La cinta muestra el origen de uno de los personajes que abanderan los mitos urbanos de Río, no solo por haber simbolizado el carnaval en la década de los 40, sino también por representar, defender y personificar a la clase más despreciada de la época, festejando y celebrando con samba y batería ante un sistema que buscaba reducirlo a invisibilidad y silencio.

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Aïnouz ensambla furia, carnaval, y rabia latente con dejos de ternura entre andrajos y favelas, presentando a un Lázaro Ramos brutal y atrozmente fuerte que abarca las cuatro esquinas del deseo, la violencia, el dolor y la decadencia. Ramos como Dos Santos da una interpretación llena de vida y tormento dentro de un contexto social donde el tan solo ser pobre, homosexual y negro debió bastar para amarrar con burla y desencanto cualquier intento de alcanzar aquella belleza divina que vive entre tablas y lentejuelas. Flávio Bauraqui en el papel de Tabu es la contraparte a la ira de Ramos, y el embudo por el que pasa la compasión y la ternura que hacen latir el corazón de la obra.

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De cinematografía opaca que afinca el tumulto interno de los personajes, Walter Carvalho (también director de fotografía de Central do Brasil) ofrece tomas fracturadas por un lado e iluminación sublime por otro, transmitiendo las lagunas tempora por una corriente de adrenalina en las venas y la sensualidad sinuosa y ondulante de la piel en movimiento. Granosas baladas de gramófono son el fondo de miradas inquietantes y se transforman en el sonido de las alegrías y tristezas más genuinas de la historia.

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Por alguna esquina la Biblia nos dice que para el puro, todo es puro, y es esa euforia bacanal de fiesta sobre golpes lo que eleva y desborda a la Madame Satã como lava volcánica. Alegoría a la furia del carnaval, de ferocidad, agresión y transgresión, fue proyectada en la sección Un Certain Regard de Cannes, galardonada por el Gran Premio de Cine Basileño y ganadora de Mejor Película en Festival de Cine de Chicago.

Madeleine Quevedo

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