or Oswaldo Acosta

Con bastante preocupación, y poco asombro, he podido observar los enfrentamientos que se han presentado en las últimas semanas entre civiles y los cuerpos de seguridad del Estado, llámese GNB, PNB, Policías Estatales o Municipales. No son novedad los abusos que se están cometiendo en contra de los manifestantes al ser reprimidos con violencia excesiva.

Sin embargo, hay una palabra que resalta para quienes hayan ahondado un poco en la literatura psicoanalítica. Sí, hablo de represión, y se define como un esfuerzo del aparato psíquico por mantener contenidos amenazadores o perturbadores para la estabilidad yoica fuera de la conciencia, siendo ese su fin. Partiré de este concepto funcional para tratar de justificar mi poco desconcierto.

Ahora bien, llevando la teoría dinámica del aparato psíquico a la esfera social y política, se tiene que existen instituciones creadas para fines similares a los que tendría, por ejemplo, el Superyo. Estas instituciones estarían encargadas de velar por el orden, la seguridad y el cumplimiento de las leyes de un determinado país. El ordenamiento de los tres poderes principales del Estado se divide en Legislativo, Judicial y Ejecutivo. Pero, en particular, son personas de carne y hueso, adheridas a los cuerpos policiales,  quienes directamente se mantienen en las calles para prevenir –y también para investigar– hechos que violenten la ley.

Por otro lado, en el artículo 328 de nuestra constitución, se expresa claramente cuáles son las funciones de la Fuerza Armada Nacional, pero en él se encuentran cuestiones bastante curiosas. Por ejemplo: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Solo basta con leer la parte del texto resaltada en cursiva para darse cuenta de que, desde hace años, la realidad no es más que justamente lo opuesto a lo que establece la constitución, es decir: son los garantes de la seguridad de una línea política; a saber, el chavismo.

Sin embargo, más adelante se halla algo más sorprendente: “Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”. Está bastante claro que son la fuerza bruta y física del Estado, disciplinados, obedientes y subordinados. El problema con tener una fuerza con estas características –y aquí no hablamos de un problema de Venezuela, sino de cualquier Nación en el mundo–, es que si por órdenes del gobierno de turno tienen que arremeter contra los civiles, pues, lo harán. Para eso están hechas. Para obedecer. No importa qué digan los civiles o las mil formas por las cuales intenten convencerlos de que están atentado contra ellos y no están defendiendo la Nación, en primer lugar porque tampoco se puede pensar que estos cuerpos de defensa son tan tontos como para creerse las patrañas que ni el propio gobierno se cree; y segundo, porque ellos están en la estricta obligación de acatar órdenes.

“París, Francia. 23 de Abril de 2017. La Policía intenta dispersar a manifestantes que rechazaban por la posible victoria de la ultraderechista Marine Le Pen”. Fotografía: Thomas Samson / AFP

Además, todavía no he tomado en cuenta un elemento importantísimo para seguir comprendiendo el “asombro” de la ciudadanía al ver cómo sus propios “hermanos” les asfixian con humo lacrimógeno y los violentan duramente con porras, perdigonazos, secuestros, detenciones arbitrarias y hasta –en algunos casos– llegar a ser asesinados. No es más que las características psicológicas de las personas que se adhieren a organismos policiales se asemejan mucho a las de un delincuente. Con la diferencia de que los primeros están totalmente legitimados para ejercer violencia y matar, además de que estudian, se entrenan, conocen tácticas de defensa, manejo de armas, etc.

Ya decía Freud que el Superyo es, por mucho, más severo que cualquiera de las otras instancias. Y acá cabe preguntarse, ¿cómo podría frenarse una avanzada de violencia sino es con más fuerza y más violencia? Mucho se podría discutir de quiénes están mejores armados, si los delincuentes o los cuerpos de defensa del Estado, pero siendo sinceros, muchas de las infinidades de armas que puedan poseer los delincuentes fueron facilitados justamente por los primeros, sin contar el arsenal de tanques, aviones y demás armamento bélico que posee el Estado para su “defensa”. Bien sabemos que en realidad se usa, en la mayoría de los casos, para  atacar y reprimir a sus ciudadanos.

Entonces… Nuestro Superyo institucionalizado es muchísimo más severo y cruel porque así tiene que ser, de esa forma es que puede garantizar “estabilidad”. No importa que salgan unos revoltosos a querer armar destrozos, pues ya serán neutralizados con las fuerzas represoras de nuestra Guardia Nacional. Y si hace falta pues serán asesinados. Lo importante es garantizar el “orden”, o dicho de otra forma, que la cúpula del Estado siga manteniéndose en el Poder…

Por último, para quienes hayan tomado parte de su tiempo para leer lo que aquí está escrito, les comento, de manera bien intencionada, que mediar con un GNB no es algo que vaya a surtir algún efecto. Puede parecer muy sensato, incluso razonable, pero sólo si se desconoce quiénes son, el rol que cumplen, sus funciones, para quiénes trabajan, los intereses de quiénes defienden, y las características de personalidad de los individuos que pertenecen a estas instituciones.

“Como una evidencia empírica les invito a ver este vídeo –me lo he topado luego de escribir el artículo– del día viernes 21 de Abril de 2017. Seguro que no será una experiencia nueva para ustedes. Pero hay una peculiaridad; el joven que lee el artículo 328 de la Constitución, omite la parte inmediata cuando termina de citarlo. Adivinen cuál es… “Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”.

https://www.youtube.com/watch?v=Gpzvq0Mq2QI

Por Oswaldo Acosta

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