Si bien es cierto que en gran parte de los casos el dinero no es impedimento, si hace que tus problemas pesen el triple, pero eso es algo que no le importaba a Francisco “Morochito” Rodríguez cuando el 26 de octubre de 1968 conquistó la Arena de Ciudad de México al derrotar al surcoreano, Jee Yong-Ju, en la final del boxeo categoría peso mosca junior, para convertirse así en el primer venezolano en colgarse una presea dorada en Juegos Olímpicos.

El pugilista oriundo de Cumaná logró el primer oro olímpico de Venezuela en México 1968. Foto: Cortesía.
El pugilista oriundo de Cumaná logró el primer oro olímpico de Venezuela en México 1968. Foto: Cortesía.

Francisco Antonio Rodríguez Brito nació el 20 de septiembre de 1945 en Cumana, estado Sucre. Tierra del oriente de nuestro país que ha servido como cuna de grandes boxeadores venezolanos a lo largo de la historia, como los campeones mundiales Antonio Gómez, quien se tituló en peso pluma en 1971 y Antonio Esparragoza, el cual hizo lo propio en la misma categoría, pero en 1987.

Su hogar siempre fue humilde. Siendo el segundo de catorce hermanos que vinieron al mundo en el vientre de la señora Olga María Rodríguez de Brito, le tocó vivir una dura infancia donde escaseaban cuantiosamente los lujos. El abandono de su padre antes de que él naciera le hizo tomar la decisión de llevar el apellido de su progenitora en las competiciones que participó.

Rodríguez, quien recibió el apodo de “Morochito” por tener una hermana gemela llamada Alida, nunca contó con una educación formal, por lo que aprendió a leer y escribir en su etapa de adolescencia. Esta falencia lo acarreó a trabajar desde temprana edad vendiendo pescados con su abuela, para conseguir los recursos con los que ayudaría a su familia, sin embargo, como si todo estuviese escrito por alguna mano creativa que traza fantasiosas historias en los vaivenes del destino, fue en esa faena de bregar en las calles donde conoció a Pedro Gómez, boxeador y campeón nacional de peso pluma en 1964, a quien acompañó al gimnasio donde entrenaba sin darse cuenta que en ese mismo instante se enamoraría del deporte que le dio todo en la vida.

Primeros pasos

Morochito-1-415x1024Andar con la cabeza en alto y no amilanarse con nada son algunos factores que deben caracterizar a cualquier competidor y esas eran las virtudes intrínsecas que Rodríguez poseía al momento de subirse a cualquier cuadrilátero.

Después de varias participaciones en torneos nacionales, el pugilista fue seleccionado para representar a Venezuela en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967. Y fue en suelo canadiense donde logró adjudicarse de manera inesperada el primer metal dorado de su carrera en la categoría mosca y el único obtenido por criollos en dicha competición, después de derrotar en la final al mexicano, Ricardo Delgado.

Este repentino éxito le llevó a querer entrenar con mucho más sacrificio para conseguir un cupo en los Juegos Olímpicos de Ciudad de México 1968. Su entrenador, Ely Montes, a quien Rodríguez asegura deberle todo lo que sabe de boxeo, se encargó de recordarle que al magno evento deportivo asistían los mejores pugilistas del mundo, por lo que debía prepararse con mucha exigencia. Así fue como viajó hasta Caracas donde estuvo preparándose durante cinco meses antes de partir a suelo azteca.

Juegos Olímpicos

Su lauro en el país norteamericano llenó de esperanza a los venezolanos, quienes tenían fe en los puños del “Morochito” de cara a los Juegos Olímpicos de 1968 que se celebrarían por primera vez en un país de habla hispana, cuando México fuese el anfitrión del evento deportivo.

En su debut, el criollo tuvo que enfrentar en lo que muchos consideraron una final adelantada, al cubano Rafael Carbonell, a quien había derrotado un año antes en Wippenig. A pesar de que la pelea fue muy reñida, los números favorecieron al nuestro con un marcador de 5-0. La primera prueba de fuego había sido superada.

3ec88865-f4b9-40ac-92ad-fffb21086532
Rodríguez en los Juegos Olímpicos de México 1968. Foto: Cortesía.

La siguiente ronda tenía como contrincante a Masataka Karunaratne, representante de Ceilán, nación que cuatro años más tarde cambió su nombre a Sri Lanka. El ganador del combate aseguraba una presea, por lo que Rodríguez salió con todo los hierros a buscar el nocaut. Por esta razón, cuando corría el segundo asalto el árbitro Koorshed Kuka decidió detener la pelea frente al malogrado boxeador asiático para alegría del criollo, quien en ese momento ya tenía en su haber al menos una medalla de bronce.

Después de un descanso de cuatro días, el cumanés se vio las caras en la semifinal con un viejo conocido, el estadounidense Harlan Marbley, a quien logró derrotar en los Juegos Panamericanos de 1967, casualmente en la misma fase en la que se enfrentarían una vez más. En la contienda las ganas de continuar avanzando en el certamen llevaron Rodríguez a luchar con férrea intensidad y eso se vio reflejado en las dos veces que el norteamericano cayó a la lona. Finalmente, los jueces se decantaron 4-1 por el venezolano y las aspiraciones al sueño dorado estaban cada vez más cerca.

Susto previo a la final

Las monedas estaban en el aire. Había llegado el momento de la pelea por el oro olímpico y la gloria. Todo entrenamiento, sacrificio y esfuerzo se resumían en una pelea ante el surcoreano, Jee Yong-Ju. Sin embargo, una anécdota se guardó hasta último minuto para poner en peligro la gesta del venezolano.

Al momento de realizar el pesaje de la categoría correspondiente, el Morochito se pasaba por unos 500 gramos. Un jugo de naranja que tomó la noche anterior ponía en riesgo su pelea. Tuvo que ejercitarse rápidamente durante unos minutos, pero aún le sobraban 50 gramos antes de subirse a la báscula oficial. La astucia de sus entrenadores Eleazar Castillo y Ángel Edecio Escobar les hicieron recordar que el criollo llevaba una prótesis bucal, la cual le hicieron sacar previo a la medición y así fue como estuvo listo para enfrentarse ante el asiático en la lucha por el oro.

Última prueba de fuego

El 26 de octubre de 1968, la Arena de México, se convertiría en la sede mundial del boxeo, pues todas las categorías pelearían por la medalla de oro. El peso mosca junior era el más bajo, por lo que Rodríguez y Yong-Ju tenían que dar inicio a la jornada.

Al comienzo de la pelea el surcoreano se veía en buenas condiciones físicas y en un estado muy alerta, sin embargo, la agresividad y velocidad del venezolano le hicieron tomar ventaja en el primer asalto. El público presente se decantaba por “Morochito” gracias a su condición de latino y además, porque el pugilista asiático había sacado del cuadro de medallas al mexicano, Alberto Morales.

En el segundo round, una molestia en su mano derecha le hizo ceder. Yong-Ju tomaría ventaja antes de sonar la campana. Castillo recordó en una entrevista posteriormente que cuando le preguntó al boxeador desde su esquina si podía continuar él le respondió “Aquí está peleando Venezuela” y fue allí donde se dio cuenta que el oro vendría a nuestro país.

g1
El “Morochito” Rodríguez siendo anunciado como campeón Olímpico. Foto: Cortesía

En el tercer y último asalto, el de Cumaná salió a arrollar al surcoreano. No iba a permitir que la medalla se la escapara tan fácilmente, por lo que decidió intercambiar golpes con su adversario. El ímpetu del nuestro le hizo olvidarse de su cansancio y dar todo lo que tenía hasta que la campanada finalizara el épico combate

Los minutos de más angustia para Rodríguez fueron mientras los jueces tomaban la decisión de la pelea. El silencio se hizo presente en la arena hasta que los magistrados dieron ganador 3-2 al venezolano y el réferi polaco, Boleslaw Idziak, alzó su mano izquierda ante la algarabía del público presente y de los millones de venezolanos que oían el combate por la radio. La gloria se apoderó del pugilista y su entrada a la historia del deporte de nuestro país se hizo vigente.

Guantes de oro

La hazaña conseguida en Ciudad de México no se quedó solo allí. Después de conseguir la primera presea de oro para Venezuela en Juegos Olímpicos, Rodríguez representó a Venezuela en los Juegos Centroamericanos de 1970 y una vez más en Juegos Panamericanos, esta vez en Colombia 1971. En ambos eventos el oriundo de Cumaná subió al podio en la primera posición y se adjudicó metales dorados.

Rodríguez, un enamorado del oro. Foto: Cortesía
Rodríguez, un enamorado del oro. Foto: Cortesía

Sin duda alguna Francisco “El Morochito” Rodríguez ha sido uno de los atletas más importantes en la historia de Venezuela. No solo por los títulos que obtuvo a lo largo de su carrera, sino también por su ejemplo de superación y constancia. De vender pescado con su abuela en las calles de Cumaná, pasó a convertirse en un boxeador excelso y su legado es la inspiración y motivación de muchos jóvenes que quieren cumplir sus más grandes sueños. 

Freddy Alvizu

Comentarios