Luego de ver fracasar su negocio en Valencia, mudarse de ciudad en ciudad, y heredar un gato persa himalayo –que su ex mujer nunca recogió–, Fedosy Santaella Kruk terminaría trabajando durante 17 años como director creativo de HBO, Cinemax y Televen; sin  mencionar que ha publicado más de una decena de libros, entre los que cuentan dos publicaciones con la editorial Pre-Textos, en España; además de ser galardonado con importantes premios del mundo de la literatura en español.

La literatura venezolana sufre miedo patológico

—No sé porque la literatura venezolana le tiene un poco de miedo a tomar esos referentes, que para mí son tan importantes, que son la literatura de las vanguardias y su herencia. Creo que tendemos a tenerle miedo a las herencias de las vanguardias en la literatura venezolana, y yo he tomado ese riesgo, y no ha sido fácil exponerlo, porque la gente lo que no entiende lo deja a un lado.

¿Aún encuentras resistencia o simplemente…?

—Ya han pasado muchos años, ya la gente dice: “eso es literatura muy a lo Fedosy”. Por lo menos he dejado una marca, no sé si buena o si mala, pero ya la gente acepta que Fedosy tiene esos aspectos en su obra. A veces encuentras a algún académico que está trabajando solo en base a una teoría analítica, y si lo que tú escribes no encaja dentro de esa teoría y dentro de ese interés específico de ese momento, entonces no vale, te dicen que eso no es literatura…

Mientras unos insultan la literatura venezolana, otros se dedican a trabajar

Todo el mundo es libre de hacer lo que quiera con su trabajo, lo único que a veces molesta un poco es que si tú presentas algo distinto, no tienes por qué ser ignorado. Aquí es muy, pero muy malo lo que hablan los venezolanos de ellos mismos. Y me van a disculpar, pero dicen que la literatura venezolana no sirve para un carajo, que es una mierda, que por eso es que nadie nos conoce afuera… pero eso es mentira. Uno procura demostrar que lo que nosotros escribimos si puede interesarle a gente de afuera, y en este caso le interesa a una editorial española tan importante como Pre-Textos.

¿Cómo uno puede decirle que no a la editorial Pre-Textos?

—Yo escribo libros, después quien los lee no sé. Lo puede leer cualquier persona. Primero es muy difícil publicar en Venezuela, y es más complicado publicar afuera. El Dedo de David Lynch lo mandé al Premio de Novela de Herralde, y quedó entre las nueve novelas finalistas de… no sé, de… 400 novelas. ¡Y quedó entre las nueve finalistas! Es decir, que El dedo de David Lynch pudo haber ganado el premio. Cuando quedó finalista yo pensé que era una oportunidad para publicar el libro en España, y busqué muy ilusamente  publicar en Pre-Textos, que es una de las editoriales más prestigiosas del mundo de la literatura en español y… me pararon, me prestaron atención. Manuel Borrás –un señor muy amable– leyó la novela, y le gustó, y me dijo que sí, que me la quería publicar y bueno ¿Cómo uno puede decirle que no a la editorial Pre-Textos? (risas).

Con Fedosy no hablamos de drogas, alcohol, o temas tabú como la homosexualidad, cosa curiosa porque antes de despedirnos nos presentó a Gisela Kozak Rovero, una autora que trata abiertamente ese tema, no le da pena decir al público que es lesbiana, y bueno, su coraje se aplaude… pero eso es algo que tocaremos luego, aquí nos interesa describir otras cosas.

….

Fedosy habla con humor que no se hacen colas kilométricas para exigir sus autógrafos. Es un autor culto. En las ferias de libros se le acercan, e incluso tiene la oportunidad de acercarse a otras personas. No es un autor populista, repele al socialismo y defiende al capitalismo, dice que no está mal ganar algo de fama. Pero lo más importante para él, es que su mensaje quede y trascienda en el tiempo.

¿Qué hace que una cosa permanezca en el pensamiento?

—Esa interrogante es un asunto complejo, el sistema cultural tiene que ver con eso… Arte no es necesariamente entretenimiento. Es una forma de mantenerse despierto, es una forma de conocimiento. Cuando te enfrentas al arte, el arte te sacude y te despierta. Los sueños, por ejemplo, antes de las vanguardias estaban dormidos, en el sentido de que no se manifestaba esa parte del ser humano porque estaba oculta… y todo era igual, las pinturas eran idénticas, muy burguesas, pero eso acaba con las vanguardias. Solemos pensar que el conocimiento es solamente lo matemático, lo geométrico y la ciencia; el dato duro, científico y exacto –aunque ya no podemos hablar de un dato exacto en la ciencia, pensemos por ejemplo en la física cuántica–, y olvidamos que hay otras formas de conocimiento como el arte y la literatura, que no necesariamente son pedagógicas y didácticas. Si no fuese así, no tendríamos todos los siglos que tenemos contando la Ilíada, la Odisea, el Cantar de Roldán, Cid Campeador y el Quijote. Cuando volvemos a contarlos es porque allí hay una forma de conocimiento que hace que perduremos y que tengamos cultura.

….

Fedosy es sin duda uno de los mejores autores que ha producido nuestro país, su arte ha transcendido fronteras. En 2009 tras un riguroso proceso de selección, fue escritor invitado al Internacional Writing Program de la Universidad de Iowa; realizó una gira por Estados Unidos mostrando su arte. Podría pensarse que para ser un escritor que ha alcanzado tanto en la vida, los humos se le subirían al cielo, pero nada que ver, refleja aires de humildad y ganas de dejar aprendizajes en cada uno de sus alumnos. Varios de sus cuentos han sido traducidos al japonés, al chino, al inglés, al esloveno y al turco. Aunque ya pasa los 40 años, su mirada proyecta la visión de un niño que nunca creció.

….

La fusión, la creatividad y las vanguardias… y  ¿qué pasa con la originalidad, ya no existe?

—Hay teorías literarias contemporáneas que dicen que la originalidad ya no existe. Hay un librito magnífico de un autor norteamericano, Jonathan Lethem, que se llama Contra la originalidad, y es un libro que Lethem montó hilvanando copy & paste sobre la teoría de la intertextualidad contra la originalidad, así, haciendo copy & paste de otros autores… y hay una teoría evidentemente de la intertextualidad, del palimpsesto, es decir de aquello que está detrás de un ser; del pastiche, que es muy de vanguardia… las vanguardias trajeron también eso: el pastiche, el collage. El arte moderno trajo también eso. Es una tendencia y un hacer literario, claro que se basa en el homenaje, en el plagio, en la referencia, en la cita, y eso es posible dentro del mundo de la literatura, dentro del espacio de la escritura y de la lectura, pero es una línea muy delgada, sobre todo cuando hablas del plagio.

….

Además de Puerto Cabello, Caracas y Nueva York son esenciales en su formación cultural. Por insistencia de sus padres visitaban muchísimos museos. Nunca se cansaron de caminar el Museo de la Estampa y el de Arte Contemporáneo Sofía Imber… Tampoco de entrar a librerías, y mucho menos de ir al cine. Entre recuerdos preciados nombrará los paseos por Greenwich Village, el Angelika Film Center New York, el Centro Comercial Chacaíto y el CC Profesional de la avenida Bolívar de Valencia, que hoy en día simula a un pequeño mercado chino.

Yo relaciono a Caracas como un lugar de infinito aprendizaje. Yo tenía hambre de conocimientos y Caracas conformó parte y consecuencia de eso

La gente debe aprender a valorar lo que tiene, quizás a  mí lo que me ayudo a ser escritor fue no olvidar lo que tuve. Puerto Cabello es fundamental dentro de mi formación cultural porque allí estaba como les digo, el Fortín Solano, el Castillo Libertador, la calle Lanceros, los libros de Miguel Elías Dao, los de Asdrúbal González, y la biblioteca con que comencé a leer; también estaban los cuentos de mi abuelo ucraniano; los de mi papá, mi mamá, mi hermano y mis tíos. Más luego, también por supuesto estuvo Caracas, y tal como ustedes dicen mis  papás me traían a la capital y nos quedábamos en el Hotel El Crillon, por la Av. Libertador, que hoy día por cierto es un hotel ocupado por los cubanos que trabajan con el Gobierno, y no puedes entrar porque te miran feo de inmediato y creen que eres espía.

….

¿Cómo no va a quedar uno dañado para el resto de su vida después de haber visto una película como esa en su juventud?

—A los 10, 11 años, recuerdo haber visto una cosa que ni siquiera he encontrado el nombre. Una película alemana que era loquísima, una mujer que decía ser Dios y se acostaba con todos los hombres que encontraba en su camino. También vi una película que yo siempre digo que me torció el cerebro, que se llama Malpertuis (1971) de Harry Kümel, que es una cosa alucinante que hoy día en estos tiempos en la televisión pública jamás lo verías –les estoy hablando de RCTV para que saquen cuentas… (Piensa y luego se ríe) ¿Cómo no va a quedar uno dañado para el resto de su vida después de haber visto una película como esa en su juventud?, y de ahí es que uno sale escritor…  (risas).

….

Al terminar sonó su teléfono celular. A Fedosy lo termino llamando el deber de padre. Luego de unos retratos en la parte de atrás del edificio, un cigarrillo y una despedida que se alargó hasta entrar a la librería, fuimos a dar una corta vuelta por el Este de la ciudad. Ese día comprobamos que es una persona identificada con su historia familiar, con su lugar  de origen y el país donde creció. Si algo fue cierto, o al menos creemos eso, es que entre las rumas de libros, los cerros, el Guaire, el asfalto y la elegancia de Las Mercedes, vivimos en carne propia el surrealismo caraqueño.

No dejes de suscribirte a nuestro boletín para recibir nuestro contenido en tu correo electrónico o WhatsApp.

Texto de Leonardo Petit. Las correcciones y los aportes son de Madeleine Quevedo. Revisión de Andrea Molina. Fotografías de Lucero Márquez

Comentarios