El Faro era de primer orden para la época, la intensidad de la luz, la elevación de la torre y perfección de los aparatos. Su figura cuadrangular compuesta de tres pisos. El edificio medía 93 pies de altura, la luz ubicada a los 88 pies, se descubría clara y refulgente a 24 millas de distancia en el mar. El reflector aumentaba 16.000 veces la luz central, sus vidrios estaban colocados según el sistema de Fresnel, con la mejor y reciente invención de Barbieri. Constituyó un rango superior a los de Europa. La luz giratoria, blanca y roja, alternando las dos en un minuto, sin necesidad de eclipse, porque se empleaban alternativamente los dos colores.

El sistema Fresnel debe su nombre al físico francés Agustín-Jean Fresnel, autor de la teoría de la luz, usado en casi todos los faros modernos para ese momento. Perfeccionado por Barbieri, científico de la Academia de Ciencias de Turín. En otras partes del mundo se habían apresurado en tenerlo, Rusia y Francia en ser las primeras en aplicarlo. En Venezuela se levantó en Puerto Cabello, gracias a la genialidad de Teodoro Chataing.

Este diseño permite la construcción de lentes de gran apertura y una corta distancia focal sin el peso y volumen de material que debería usarse en una lente de diseño convencional. Fue inventada en 1822 y probada por primera vez al año siguiente en el faro de Cordouan, Francia. Hoy en día todos los faros del mundo están equipados con este sistema.

Un Mar de Dificultades

Tras el encendido del faro, se presentaron serias dificultades en torno a su servicio. A la altura del farol, el viento soplaba con fuerza y quebraba el vidrio, haciendo imposible mantener encendidas las mechas. Se buscaba evitar perjuicios que ocasionasen los desperfectos de la máquina, ruptura de vidrios, lentes, entre otros. Problema que podía solventarse con la inversión en repuestos de cada elemento usado.

Durante algunos meses, Chataing atendió con apremios los trabajos del faro. Pero surgieron una serie de interrogantes debido al servicio, expuestas por la prensa capitalina: ¿cuándo, pues, comienza a alumbrar? ¿Ya construido, y de primer orden, ahora se quedará oscuro? ¿Seguirá el faro de Punta Brava la línea de todas nuestras cosas? Se nos dice que no —en hora buena—; pero ¿cuándo comienza a alumbrar el faro?  Sin saber, que tales circunstancias se convertirían en un fantasma que por décadas limitarían su servicio.

Juan Crisóstomo Falcón, presidente de Venezuela, en visita a Puerto Cabello   mandó a recibir la obra. El 8 de agosto de 1864 se designaron dos comisiones, una terrestre y otra marítima, la primera para recibir de Teodoro Chataing el faro, y la segunda para examinar desde alta mar la distancia hasta donde proyectaba luz. Este ejercicio se realizó desde el alcázar del vapor Mapararí. Observándose la luz a trece millas náuticas del faro.

Chataing trabajaba esmeradamente en el Faro, pero sin recibir los recursos estipulados

Según el informe: “Esta embarcación constaba de seis pies ingleses sobre el nivel del mar. El Faro se descubría diez y nueve millas náuticas de distancia de sobre la verga del juanete del citado vapor, encontrándose su altura a cincuenta y ocho pies ingleses sobre el nivel del mar. Su luz perfecta y su movimiento giratorio 40 de intervalo entre luz roja y luz clara. La altura de 85 pies de Burgos: su longitud de 61º 50º y 10 al occidente de Cádiz”.

De acuerdo a la Dirección General de Exhibición Venezolana, se programó una exhibición para el 10 de diciembre, pero luego fue pospuesto para el 19 abril del siguiente año y así darle pompas con los actos conmemorativos a la declaración de independencia.

El 4 de enero de 1865, Chataing trabajaba esmeradamente en el Faro, pero sin recibir los recursos estipulados. Existía un sólo fanal por falta de pago de doscientos pesos mensuales y una policía que velara por la conservación del mismo. “Se necesitaba reparar techos, dar pintura, reponer algunos útiles, todo indispensable y urgente que el empresario tenga, sobre todo el acopio de cristales”.

Llegado el 19 de abril, no se verifico nada acerca del Faro de Punta Brava. El 2 de noviembre de 1865, el Doctor Rafael Domínguez –apoderado de Chataing– y el general Jacinto Regino Pachano, ministro de fomento, acordaron poner fin al contrato, acordando pagarle 2500 pesos, quedando los tubos, mechas, repuestos y demás enseres necesarios para su funcionamiento a disposición del gobierno nacional. En la memoria del Ministerio de Fomento del año 1866, expresa que el lugar de Chataing sería ocupado por el director de la Escuela de Náutica existente allí para ese momento.

Ilusorio Faro de Punta Brava

Si bien el Faro de Punta Brava estuvo en servicio por algún tiempo, eran reiterativos los contratiempos para su labor. En marzo de 1871, el presidente de la República, Gral. Guzmán Blanco, por vía decretos, entregó el Faro, bajo jurisdicción e inspección del jefe de la fortaleza del Castillo Libertador y estableció reglas para el servicio que debía prestar.

En 1893 el Faro fue destruido por un incendio, quedando únicamente parte de la torre donde estaba instalada la linterna. Desde esa fecha de la destrucción hasta entrado el siglo XX, las autoridades de Puerto Cabello colocaron un mástil en la cúspide, con el cual izaban de noche, a manera de bandera, un farol de kerosene. Pero, esta luz era inútil para los navegantes, pues carecía de suficiente fuerza lumínica, ocasionando males.

El 3 de diciembre del año 1894 se oficializó mediante Gaceta Oficial la construcción de un muelle en el puerto, un edificio para el alojamiento del resguardo, y la edificación de un Faro en Punta Brava. Sin embargo, no se concretó tal medida.

En marzo de 1900, las compañías navieras establecidas en Puerto Cabello, elevaron un pliego de peticiones al gobierno, Chr. Tanis, Agente de la Compañía Hamburguesa Americana; Edo. Berrizbeitia, Agente de la Compañía Gle. Transatlantique; Leseno Römer Baasch, agente de las líneas de Vapores West India; comerciantes, Ricardo Kolster, Federico Römer, Luis González y M Frey.

En el petitorio del año 1900 se destacan entre sus líneas una justa verdad para las compañías navieras, negadas a cumplir las exigencias del gobierno nacional, alegando que “Lo que se llama en la actualidad Faro de Punta Brava es mera ilusión. No creyendo equitativo se cobre a los vapores que recalan en el puerto un servicio de faro, que no se hace porque no hay”.

Tiempo después el Faro comenzó a funcionar, acondicionado y restablecido para el auxilio de los navegantes.

El viejo Faro, ya centenario ubicado en Punta Brava, Base Naval de Puerto Cabello, no corresponde al original. Las imprecisiones relacionadas a su construcción, conocidas en algunas publicaciones, obedecen a los múltiples decretos y etapas de su construcción al cabo de siete décadas. No obstante, es todo un icono para nuestra historia.

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