Por el mero empuje de velas maniobrables y ayudadas por el viento, atracaron las primeras barcas a la rada porteña. Venían timoneadas por infatigables lobos de mar. Hombres aventureros y pescadores de fortunas, quienes apearon ancla, y aun con el paisaje virgen sembraron sus esperanzas para forjar lo que hoy conocemos como Puerto Cabello.

Con el tiempo, la estrepitosa afluencia del tráfico marino colmó la ensenada porteña. Florecía el comercio, y con él nuevos requerimientos iban surgiendo. Los viejos galeones cedieron su espacio ante la influencia del novedoso sistema de vapor, pero la travesía por las costas de Venezuela continuaba siendo abrumadora para los viajeros. En las noches el horizonte se teñía oscuro, no divisándose aquellas zonas con dificultad de navegación.

En 1842 surgió una idea del Concejo Municipal de Puerto Cabello “en auxilio y de utilidad para la navegación”. Manifestando al Congreso de la República la disposición para establecer un Faro en un lugar conocido como “Punta Brava”, adquirido por dicho cuerpo edilicio, ofreciendo como respaldo a la “Junta Benefactora” de la ciudad.

El 11 de mayo, el Senado y la Cámara de Representantes reunidos en el Congreso de la República, decretaron la instalación del Faro. En aquel documento estamparon sus rúbricas: J. Manuel de los Ríos, presidente del Senado; Francisco Díaz por la Cámara de Representantes, y el ejecute a nombre de José Antonio Páez, presidente de la República.

se cobraba en todas las aduanas de la República un derecho de Faro, y no existía ni uno

El 22 de abril de 1843, la “Junta Económica de Hacienda” del Puerto, acordó invitar a los empresarios a contratar la construcción de la torre donde debía colocarse el faro conforme al plano efectuado. El secretario municipal, José Manuel Yllas, notificó que los interesados debían concurrir al despacho de la Jefatura Municipal y levantar sus interesadas propuestas.

Los empresarios que convinieran la ejecución, contarían con el aporte del gobierno en cuanto a los materiales y útiles existentes de las murallas destruidas, los instrumentos de maestranza que posee y otros de utilidad para la obra, y casa del Estado que existe en Punta Brava.

Pero en aquella ocasión la construcción del Faro no se ejecutó, y las costas siguieron permaneciendo oscuras. El 10 de julio de 1860, fue promulgado por el Gobierno Nacional un decreto que derogó el del 11 de mayo de 1842. En éste se especificaron los lugares donde han de construirse Faros: Maracaibo, los Roques, Puerto Cabello, Bocas del Orinoco y una luz de puerto en la Guaira.

Contratan a Teodoro Chataing

En octubre de 1861, el gobierno de José Antonio Páez, representado por Pedro José Rojas, contrató a Teodoro Chataing para edificar dos faros compuestos de mampostería según el plano presentado, fijándose comenzar la obra el primero de noviembre a término de dos años, uno en “Roque Grande” y otro en la isla de “Alcatraz” frente a Puerto Cabello, con la única diferencia, que éste último contaría de setenta y dos pies —ocho pies menos de altura que el anterior.

El gobierno acordó pagar al contratista “sesenta y un mil pesos” en efectivo de los recaudos mensuales por derecho de Faro, y las tres quintas partes del derecho de toneladas de las aduanas de la Guaira y Puerto Cabello

En esa oportunidad también se estipuló que el comandante del apostadero de Puerto Cabello, debía estudiar la solidez del terreno donde se tenía previsto la construcción del Faro. Razón que seguramente privó en el futuro su obra original, destinada en la Isla de Alcatraz.

Según éste contrato se atenderían las dificultades presentes a principio de toda obra, concediendo a Chataing prórroga de dos meses para entregarla. El gobierno acordó pagar al contratista “sesenta y un mil pesos” en efectivo de los recaudos mensuales por derecho de Faro, y las tres quintas partes del derecho de toneladas de las aduanas de la Guaira y Puerto Cabello, quedando ambos hipotecados, hasta culminar los trabajos.

El pago lo podía cobrar Chataing o su fiador Marcelino Martin. Si dejaban de percibir los beneficios, tenían potestad de suspender la obra, y el Gobierno responder por los perjuicios a discreción de peritos, quedando siempre hipotecados. También se exoneró al contratista de eventos fortuitos, sus trabajadores no estarían obligados a prestar servicio militar mientras durara la ejecución de las construcciones. Pero esta vez el estallido de la Guerra Federal (1859-1863), hizo infructífero la conclusión del Faro.

En 1863, la prensa hizo referencia a que se cobraba en todas las aduanas de la República un derecho de Faro, y no existía ni uno en toda la geografía nacional, ofreciéndose peligros a los navegantes por el indecoroso proceder de no invertirse los recaudos para tal fin.

El 3 de octubre de ese año, el presidente Juan Crisóstomo Falcón, representado por el secretario de fomento, Guillermo Iribarren, acordó con el señor Teodoro Chataing el “alumbrado del Faro de Punta Brava”, desestimando las cláusulas del contrato anterior.

Chataing convino a alumbrar el “Fanal del Faro” todas las noches, de seis de la tarde hasta la salida del sol, con aceite de colza o de kerosene, buscando cuál de estos era mejor para obtener luz. Además, debía costear por su cuenta, el repuesto de tubos y mechas requeridas mientras durara la obra. Igualmente disponer de vigilantes para el servicio, con el fin de que todas las noches se mantuviese la claridad, costeando una embarcación pequeña para el traslado de víveres, aguas y demás efectos que necesitara.

Por su parte, las aduanas se comprometieron a cancelar al contratista doscientos pesos mensuales; librándole de dar la luz si ocurriese alguna mora. En caso contrario de ocurrir la falta de alumbrar el fanal, o si la máquina sufriera daño por negligencia del contratista, éste pagaría cincuenta pesos por cada noche que faltara, así como los gastos por la composición de la maquinaria. Acuerdo estipulado por diez años, con la opción de traspaso.

Lo cierto es que Chataing pudo terminar y celebrar la inauguración de su obra en Puerto Cabello, pero esto no significará que el alumbrado del fanal estuviera libre de inconvenientes. Te invitamos a suscribirte a nuestro boletín y conocer mucho más del Faro de Punta Brava.

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