La ciudad cordial de Venezuela vive un proceso de transformación; en los últimos 10 años la urbe ha estado en constante movimiento. Las esquinas visibles y desapercibidas al ojo humano, han sufrido cambios tan drásticos producto de la innovación tecnológica y la alteración del orden en los modelos sociales, políticos y económicos que surgieron en siglos pasados.

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Inmerso en esos cambios, encontramos el fallecimiento de la sala de cine tradicional, de los teatros de una sola gran pantalla y de aquellos recintos que con el transcurrir del tiempo, por ese afán de no querer dejar pasar la historia, fueron transformados en talleres mecánicos, tiendas, colegios e iglesias, o por el contrario murieron convertidos en polvo tras sus ruinas.

Al igual que Caracas, Puerto Cabello contó con cinemas en cada parroquia. Gratos recuerdos transcurren por nuestras mentes al evocar, tras una mirada al pasado, las funciones prestadas por aquellos locales que perduran en las remembranzas de los más veteranos lugareños; destacan la Vespertina (5:15 p.m.), Intermediaria (7:15 p.m.) y Noche (9:15 p.m.), cuya función finalizaba pasadas las 23 horas.

También existían horarios para los más pequeños de la casa, quienes deleitaban su pasatiempo favorito los días domingos, asistiendo a las presentaciones Vermouth (11:00 a.m.) y Matinée (03:00 p.m.), jornadas libres de toda censura.

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Antiguo Cine “Capri”

Las películas en aquel entonces, se censuraban “A” o “B”, y muy rara vez “C”. En los grandes afiches colocados en las fachadas podían observarse fotografías o figuras espectaculares realizadas a mano, a la vez que se daba lectura a la sinopsis del film. Los nombres de viejos actores como Ingrid Bergman, Pedro Infante, Humphrey Bogart y Libertad Lamarque, comenzaban a ganar fama y cariño entre el público asistente. En la taquilla, para pagar, adquirir el boleto y entrar a la sala cinematográfica, se distinguía con una letra la censura correspondiente.

Los locales se inundaban de cintas hechas en México, España, Estados Unidos y Japón, cautivándolos, como espectadores, con historias traídas de lugares desconocidos y lejanos para muchos residentes e hijos de afanados extranjeros que terminaron por convertirse en venezolanos tras ver nacer a numerosas generaciones familiares.

En Rancho Grande existían dos cines, el Capri y  El Tropical, el primero, situado por la calle 31 de la zona, fue uno de los más sonados en la época de los 70s, donde las mejores películas –aunque llegadas tardíamente– se proyectaban en su pantalla, pero eso no importaba. La nota era asistir un domingo, tomar asiento en el patio o en el balcón, y embelesarse con lo “más nuevo” que había llegado al lugar más novedoso del puerto. Mientras eso ocurría; en la otra sala, El Tropical, ubicado por la avenida Bolívar, de esquina a esquina con el CUAM (antiguo Club Los Rivales), los adultos se dejaban hechizar por grandes dosis de acción y censura proyectadas sobre la cubierta gigante.

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Antiguo Cine “El Tropical”

En el centro de la ciudad encontrábamos al Cine Teatro Metropol, el cine General Salom, Rialto y Libertador; algunos allegados de épocas remotas, cuentan que el Teatro Municipal también fungió como sala cinematográfica.

Antiguo Cine Teatro “Metropol”

Tremendas colas se formaban en la función de 7 a 9 de la noche para entrar al Metropol (ubicado entre la calle Plaza y Bolívar). La crema y nata de la juventud porteña de los 80s, se citaba todos los domingos. Y Como un ritual iban primero a misa y luego al salir, derechito al cine.

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Antiguo Cine “General Salom”

El cine General Salom, encontrado por la calle Anzoátegui era algo similar a El Tropical, destinaban una noche a la semana para rodar películas de censura C, además, contaba con dos zonas: una al aire libre, a un costo de 1,50 Bs., que no tenía techo; y una preferencial, techada, un poco más costosa a 2,00 Bs. Cuando llovía el público tenía que soportar el aguacero o buscar lugar colándose en la zona de preferencia.  Este cine fue inhabilitado a finales de la década de los 60s, principio de los 70s.

Por la calle Valencia diagonal a la Plaza Isaías Medina Angarita, conocida como “La Concordia”, encontrábamos al cine Rialto, uno de los mejores de su época, muchas películas juveniles y de acción, pero de forma lamentable, más adelante, se volvió exclusivo para adultos.

En la Alcantarilla, entre la Calle Juncal y Urdaneta, específicamente frente al extinto Tijerazo, estaba el cine Libertador, se llegaba caminando por la acera donde se encuentra un edificio con pintura alusiva al porteñazo, la misma hace replica a la famosa fotografía ganadora del Premio Pulitzer, uno de los galardones más prestigiosos del mundo fotográfico a nivel mundial. Esta sala no tenía muy buena reputación debido a la zona donde se encontraba.

Adolfo Aristiguieta Gramcko en el capítulo 30 del libro “Hadas, Brujas y Duendes del Puerto”, comenta que en el cine El Tropical, se realizó en 1937 la presentación de la primera película doblada al español que vieron los porteños, su nombre era “Alla en el Rancho Grande”, protagonizada por Tito Guizar. En citas textuales del autor, comenta, “aquello constituyó un acontecimiento que rebasó los límites de lo inimaginable”, pues las películas en ingles no eran entendibles, y al existir una población caracterizada por un alto índice de analfabetismo se impedía la lectura de subtítulos, el público celebró poder escuchar las voces de los actores hablando en el idioma natural, español.

A las afueras del centro de la ciudad también existieron maquinas proyectoras; en la Avenida principal de La Sorpresa se ubicaba el cine Anauco; el Canaima situado en Palma Sola; el Antisa en Morón, cuyas películas llegaban primero que en el Puerto.

También las comunidades porteñas de Goaigoaza y Taborda gozaron de salas cinematográficas. En Goaigoaza funcionaba un galpón situado por la calle principal, habilitado con una gran pantalla y grandes cornetas, cada asistente debía llevar su silla; mientras que en Taborda Vieja, funcionaba un amplio local techado, dispuesto con bancos de madera para que los amantes del cine mexicano se maravillaran al ver las célebres películas del extinto Pedro Infante.

Es grato recordar al grandioso autocinema que actuó en el Balnerario Quizandal, a orillas del mar Caribe.

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Al morir el Teatro Guaicamacuto, se instaló en la ciudad una empresa de nombre Cumboto Cinema 3, dispuesta con tres salas (cosa nueva en la ciudad) sirvió de motivación para que los cinéfilos mutaran de sitio favorito al preferir el lugar más nuevo y cómodo de la ciudad. Es de acotar que la empresa inicio prestando buen servicio, luego decayó, muchas personas se desilusionaban al pagar, debido a que muchas veces (por caprichos infantiles) no se rodaba la película ofertada en cartelera, dando paso a otra desconocida por el público asistente. Hoy, al igual que todas las salas mencionadas anteriormente, tampoco funciona.

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Antiguo Cine “Rialto”

Cuanta añoranza por la ausencia de cines estarán sufriendo las familias que pasaban tardes compartiendo grandes aventuras frente a una gran pantalla.

Cuanta nostalgia invadirá los corazones de amigos que reunían dinero en la semana para pagar la entrada y regalarse unas horas de diversión.

¿Cuántas nuevas historias no salieron de una sala de cine? ¿Cuantas nuevas emociones se descubrieron una noche fría sentada en un banco? ¿Cuántos nuevos talentos no nacieron del aprendizaje vicario?

Aunado a esto, en pleno 2016 llegó una nueva cadena cinematográfica a la ciudad, los porteños pudieron conocer tardíamente, como todo, la tecnología 3D tras colocarse un par de gafas que los hacen sentir participes y observadores de entretenidas escenas, aun así, las viejas vivencias quedaran por siempre en los corazones de ancianos, adultos y jóvenes que sintieron afecto por esa pantalla luminosa que alguna vez existió en la ciudad y apago su llama… que hoy regresa, remotamente, tras grandes avances tecnológicos, en medio de una de las crisis políticas, sociales y económicas más grandes que ha vivido nuestra amada patria.

Grísseld Lecuna Bavaresco


REFERENCIAS
  1. Juan José Rodríguez. “Antiguos cines de Caracas”.
  2. Adolfo Aristiguieta Gramcko. Hadas, Brujas y Duendes de Puerto Cabello, Capitulo 30: “El cine General Salom”. 
  • Gracias a Efraín Salazar Thoddé, Zully Moreno, y Mariano García Rosas.

 

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