Por Alfredo Antonio Sabatino y Marbella Díaz Wever

¿Cómo criar y educar a los hijos? ¿Qué debe hacer el adulto para servir de modelo positivo en el desarrollo de los niños? Muchos hemos olvidado cómo pensábamos y sentíamos a esas edades y al establecer expectativas, asignarles tareas o comunicarnos con nuestros hijos, lo hacemos como si ellos tuvieran la capacidad y el entendimiento de una persona adulta. La mejor manera de educar y enseñar a los hijos a crecer y vivir con una estima propia y saludable, es ser responsables como padres y enfrentar los comportamientos de éstos como “normales”, dentro de un mundo que cambia y varía cada segundo de tiempo.

Entre los 7 y los 11 años, los jóvenes comienzan a desarrollar el sentido de igualdad, confrontando dos visiones: la de los padres y la propia. Para un hijo entre esos años, la manera de pensar y sentir está dictada por el deseo de independencia y el tener la habilidad de reconocer diferentes puntos de vista; tratan de establecer “negociaciones” para obtener lo que quieren, y es común que a veces “mientan” o “engañen” para salirse con la suya. La palabra “justo” significa que todo es igual; comienza la etapa de las comparaciones entre hermanos; aumentan las contestaciones o lo que conocemos como “mala-crianza”; dicen lo que piensan, ya que el temor a los adultos o figuras de autoridad se reduce; muchas veces son insensibles a los sentimientos de los demás, por lo que aumenta el potencial para hacer daño a otros al no ver sus acciones como “malas”, a menos que haya consecuencias negativas para ellos.

¿Qué debemos hacer los padres? Es importante que construyamos y fomentemos una relación basada en afecto, cariño y respeto, enfatizando que conseguirán lo que quieren cuando hacen lo que se espera de ellos, no simplemente porque es “justo”. Los padres deben entender que cuando un hijo “contesta” de mala manera, es porque esas acciones vienen de su propio concepto de lo que es “justicia e igualdad”; podemos guiarlos y reforzar conductas apropiadas enseñándoles valores familiares y espirituales que refuercen la importancia del amor, y ayudarles a reconocer el impacto de sus acciones sobre los sentimientos de los demás. No olvidemos cuán importante es que nosotros sirvamos de modelo de cómo tratar a otros de manera respetuosa, incluyéndolos a ellos mismos, y   haciéndoles sentir que son un miembro importante de la familia. Podemos reforzar  esto al tomarlos en cuenta en las decisiones familiares y escuchando sus opiniones diariamente; al hacerlo, les estamos enseñando el proceso necesario para tomar decisiones responsables.

Es fundamental reforzar la idea de que “los privilegios están relacionados con las responsabilidades”; es sumamente importante recordar que aunque un niño crezca en tamaño aún sigue siendo niño. Enseñemos a los niños a hacer un presupuesto para comprar las cosas que desean, incentivando la palabra “ahorro” para evitar los hurtos piados de la edad. No olvidemos elogiar sus esfuerzos, sus logros y decirles que los amamos diariamente.

A los padres, un hijo no es propiedad exclusiva de la pareja, ellos tienen su propia vida; enséñenle a aprender y crecer para ser, no para tener. No invadas el terreno que no es de tu propiedad porque estas invadiendo el terreno de tu hijo y a su vez le enseñas a futuro a invadir el de los demás.

Por Alfredo Antonio Sabatino y Marbella Díaz Wever

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