La historia de los hospedajes se remonta a la antigüedad, difícilmente se pueda ubicar con exactitud su origen. En los primeros siglos de la era cristiana se abrieron posadas en los pueblos para alojar a los viajeros de paso. Con el tiempo fueron desarrollándose espacios con esa intención producto del comercio. En principio cumplieron con un solo propósito, brindar cobijo; diseñados para proveer lo básico al viajero a su paso. No obstante, con el tiempo, hospedar se convirtió en un servicio rentable, siendo así una de las primeras empresas de negocio de la historia; evolucionando en la era moderna, hasta alcanzar las extravagancias de la actualidad.

los primeros testimonios de hostelería pertenecen a tripulantes marinos

En Venezuela, la historia de los hospedajes es un tema poco abordado, pero no deja de ser por ello interesante. Al valorar su presencia, alcanzamos la visual particular de una localidad. En la rada porteña, los primeros testimonios pertenecen a los hombres de mar, aun cuando no se tienen datos precisos acerca de su génesis, escudriñar su bagaje en el tiempo, representa una retrospectiva fascinante. Dado éste caso, las crónicas de los viajeros serán el testimonio más fehaciente de la hostelería porteña. Hallando un rudimentario inicio, producto de la vida marina en las postrimerías del siglo XVIII, con el apogeo de la Compañía Guipuzcoana.  

Sin embargo, producto de la guerra que sostuvo Estados Unidos contra Inglaterra por su independencia, conocemos tal vez del primer registro documentado de hospedaje alguno en estas tierras. A finales de enero de 1783 anclaron en Puerto Cabello las flotas francesas del Marqués de Vadreuil. Estas habían salido de Boston en misión secreta al Caribe. Uno de sus tripulantes Jean Francois Louis Conde de Clemont comenta Tan pronto llegué me informe sobre el alojamiento en tierra. Tuve la suerte de encontrar la habitación más cómoda que el poblado podía ofrecer”. Su estadía no fue efímera, les permitió observar aspectos importantes de la vida cotidiana del porteño.

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Hotel de los Baños, c. 1970. Foto: Memorabilia Porteña

“Entre las Trincheras y la posada del Cambur se pone de manifiesto un granito grande y grueso”

En cuanto a hospitalidad, Louis Alexandre Berthier relata su experiencia en el recorrido de 8 leguas a la población del Cambur, “es solo una choza de india donde los arrieros paran para beber ron. El calor es sofocante y colgamos nuestras hamacas y dormimos tres horas antes de almorzar. Este almuerzo nos fue servido ya que no llevábamos ninguna provisión. Consistió en res ahumada, pollo hervido y pan de casabe (…) se ven caravanas de indios acampando. Estos transportan productos por mulas desde el interior de Puerto Cabello. Nunca se separan de las casas, sino acampan donde los agarre el calor o la noche. Los arrieros sueltan sus mulas a pastar, tienden sus hamacas entre los árboles, encienden grandes hogueras para alejar a las bestias salvajes, y comen los alimentos que llevan con ellos”.

El panorama descrito por Louis, será el cimiento formal de la hospedería en Puerto Cabello, ya que sea o no cierto el paso de Humboldt por éste litoral en febrero del año 1800, agrega en su relación “bajamos hacia Puerto Cabello, teniendo siempre a nuestra derecha el rio de aguas calientes. Muy pintoresco el camino”. Añade refiriéndose a la composición geológica de la zona. “Entre las Trincheras y la posada del Cambur se pone de manifiesto un granito grande y grueso”.

Suponemos que las tribulaciones de la guerra de independencia fenecerán con el alumbramiento posadero en Puerto Cabello. De acuerdo con el  viajero inglés, Robert Semple en enero de 1811, en toda la ciudad no halló una posada, pero corrió con la suerte de poder alojarse en una casa particular, para los dueños de la cual traían carta de recomendación.

Instalaciones que albergaron al antiguo Hotel Santander. Foto: Revista PCD
Instalaciones que albergaron al antiguo Hotel Santander. Foto: Revista PCD

En 1836 abrio sus puertas el Hotel Santander, con un esmerado servicio, destacado para la epoca. Ubicado en la Calle Plaza frente al viejo mercado público de la ciudad. Atendido por Buenaventura Santander. Era una edificación confortable, frente a los balcones se situaba un jardín de por medio, la caballeriza grande y ventilada, independiente del edificio principal,

pero a la vista de los alojados de donde se lograba observar a las bestias desde sus habitaciones, un baño con regadera junto al jardín, barbería en la parte baja con frente a la calle y servicio a la mesa. Para 1869, un pensionista pagaba mensual 25 pesos, un alojado 1.50 y un cubierto 50.

 

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Anuncio de periódico, Hotel Universal, 1915

El Santander fue pionero por décadas de la hospedería porteña, lugar de referencia para quienes visitaban la ciudad. En 1880 se alojó la hija del Monsieur Henry, Cónsul de Francia en Caracas, Jenny de Tallenay, quien en 1884 publica en París su libro Souvenirs de Venezuela, donde cuenta su visita a Puerto Cabello y aspectos interesantes acerca de su estancia en el hotel, narrando “Nos instalaron en un vasto cuarto, en el primer piso del establecimiento, que tenía como cielo raso un techo de bambúes tapizado de telarañas. Un tabique delgado de madera lo separaba de una habitación vecina, desde donde se podía oír todo lo que ocurría en la nuestra y recíprocamente. La vida privada, en el medio día, tiene, por lo demás, pocos misterios. No se conocen las ventanas bien cerradas, las espesas cortinas, los amplios tapices. Se vive afuera y no sin causa: ¡hace tanto calor¡

Los muebles de nuestro albergue temporal eran de lo más sencillos. Dos catres, es decir, dos telas tendidas sobre soportes en forma de tijeras. Sin jergón ni colchón, una gran mesa, dos mecedoras y un lavabo consistían toda su riqueza. Pusieron a nuestro servicio a un indio venido del interior, nombrado Tiburcio, quien entro inmediatamente en funciones. Mientras lo arreglaba todo, nos refugiamos en un pequeño balcón con vista a la plaza”.

En varias oportunidades recibió remodelaciones para mejorar su imagen. Ya en 1891 un poco más moderno, contaba con servicio telefónico, su dueño era José María Torres. A comienzo del siglo XX cambió su nombre, y adoptó el de Hotel Universal 1915, estuvo abierto al público por años.

Posada del Cambur

A los proyectos de expansión de los caminos carreteros iniciados por la República después de los conatos civiles, se incorporan nuevas fuentes de trabajo, propiciando el desarrollo del litoral. Es así, como el ambiente se torna floreciente para la reactivación de la oferta hospedaría, a ello se sumó en el camino carretero la “Posada del Cambur”, cuya apertura ocurrió en 1843. Desconocemos si ésta empresa guardó relación con la mencionada anteriormente. Esta quedaba en la carretera de Valencia al Puerto, era su propietaria Clara de Izaguirre, quien ofrecía a los transeúntes un servicio de alimentación, cuartos frescos y abrigados, equidad de los precios y todas las comodidades apetecibles. Estuvo abierta por años, en 1878 era de obligada referencia para los viajeros. Uno de ellos, que había llegado en noviembre de 1865 en la goleta Dolores Amalia a Puerto Cabello, para conocer los adelantos del tramo férreo en la costa, expresa en su paso para Valencia. “Por la tarde tomamos mula ( no había coche,… ¿y quien sabe?) para el cambur, donde se cena sabroso y duerme bien, pues el trato del hotel es recomendable”.

En 1855 según ordenanza del Gobierno de la Provincia de Carabobo del 19 de diciembre, en Puerto Cabello se totalizan 10 posadas que debidamente pagaban las tarifas de derechos municipales.

Miguel María Lisboa viajero brasileño visitó la localidad porteña en 1853, acerca de su visita, refiere “sus habitantes son sociables y hospitalarios, es el único lugar de la provincia, de los por mi visitados, en que observe afición a las casas de campo. San Esteban donde los comerciantes tienen sus chácaras, en las que pernoctan”.

El naturalista alemán Karl Ferdinand Appun llegó a Venezuela en  1849, siguiendo conSejos de  Alejandro de Humboldt

La costumbre de pasar largas temporadas en zonas más fresca de la urbe, destacó a los valles costeños por su agradable clima, comúnmente visitados por personalidades de las ciencias naturales. Karl Ferdinand Appun botánico alemán arribó a tierras porteñas en febrero de 1849, las describe “Grandes de dos pisos, están construidas en el sencillo estilo criollo de blancas paredes de piedra con techo de teja, rodeadas en parte por corredores y asentadas entre jardines bien trazados y cuidadosamente cultivados”. Digamos que fue la antesala a las casas vacacionales de campo, tan proporcionadas en la actualidad.  

(Appun, 1849) atrapado por el encanto de la ciudadela marina, fue detallando el ambiente coterráneo, gracias a su gran sentido de observación, podemos introducirnos en el interior de una posada anónima, cercana a la plaza “El Malojo”, actualmente “Concordia”, expresando:

“Dos grandes salas forman el espacio donde se agita la muchedumbre llena de ganas de comer y beber. Una de estas salas está ocupada por un billar, la otra contiene el botiquín, en el que permanece la mayoría de los huéspedes. A las diez y media la campana de la posada llama al almuerzo, que suele hacerse a esta hora. La mesa servida en el corredor; el lado abierto hacia el patio esta de arriba abajo protegido contra el sol por persianas.

A la entrada del comedor se encuentra un depósito de agua con una y llave de metal que se hace girar para dejar correr aquella por las manos y aseárselas, lo cual se hace, según la costumbre del país, antes y después de la comida.

El cuarto es muy amplio y alto. El techo, arriba es libre y abierto, pues el techo es raso es contado allí entre rarezas. A través de las grandes ventanas abiertas y sin vidrio, entra la fresca brisa marina.

Un espejo, un aguamanil y muchas sillas representan los muebles, dejando al gusto del huésped descansar en el catre, que se halla en un rincón, o en la hamaca que está, además, colgada allí”.

Primeramente, abierta al público en un rincón de puente adentro, en 1869 se presenta al mercado hotelero la Posada “El Comercio” ubicada en la plaza de “Leyes Patria” con calle de la “Libertad”. En la actualidad plaza “Bartolomé Salom” con calle de “Comercio” de la zona histórica de la ciudad. Ofrecía a la clientela “un vasto y cómodo local, ventiladas y frescas habitaciones, esmerado servicio en toda la línea, y principalmente en la mesa que se prepara y se sirve a la francesa, con agregado de buen vino y pan de trigo. Dependencias y accesorios, baños cómodos para las señoras y muy confortable caballeriza para las bestias”. Estuvo funcionando por algo más de dos décadas. Su dueño fue el reconocido Agustín Catalá

La época del guzmanato promovió el arreglo del ornato público en varias ciudades del país. Se priorizó el embellecimiento y la inversión de capitales extranjeros. Para Puerto Cabello es una etapa esplendorosa. En 1883, comenta Pedro Cunill Grau “el sentido de innovación se marca en el paisaje con hoteles, clubes, asociaciones deportivas, iglesia, y cementerio protestante, logias masónicas, instituciones culturales, teatro, escuelas, imprentas, billares, tiendas de lujo, barberías”.

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Anuncio Hotel Boulanger, octubre de 1887.

Ciertamente, se registran un avance significativo digno de las principales capitales del país, así mismo se incrementa la oferta hotelera. En 1887 se destacan Hotel Spanish” de Ulpiano Guedes, brindaba a los consumidores un botiquín, módicos precios y esmerado servicio. También estaba “Hotel Oriental” establecido en la casa que ocupaba el antiguo Hotel “El Comercio”. Ofrecía habitaciones espaciosas y ventiladas, baños en la casa, botiquín bien surtido, un esmerado servicio, y precios módicos. Aparece “Hotel Boulanger” en Goaigoaza distinguiéndose por su servicio gastronómico.

El placentero gusto, que diferenció a la sociedad porteña para la época, respecto a otras de Venezuela, exigió a los comerciantes del medio hospedero, brindar una oferta agradable al público. Condición que se mantuvo por décadas, brindando también oportunidades de trabajo a un sector que apenas experimentaba sus primeros pasos en el mercado. El 28 de agosto de 1887 se destaca en el periódicoEl Comercio” “A los dueños de hoteles Rafael G. Blanco, culinario venezolano, que es competente en su ramo y que ha recibido grandes aplausos en los círculos venezolanos y extranjeros, acepta proposiciones, ofreciendo dejar satisfecho los gustos más caprichosos a exigentes”.

El conocido “Hotel de los Baños” inició como balneario a orillas de mar

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Revista “El Cojo Ilustrado”, 15 de julio de 1893

A fines del siglo XIX continúa con tesón el ofrecimiento hotelero, aparecen en 1891 “Hotel de France” situado frente a la plaza Salom a inmediaciones del Muelle con habitaciones espaciosas, ventiladas y jardín cómodo, buenos baños y todas las comodidades apetecibles para alojados. Admitía pensionistas. Su propietaria Catalina Grill De Roche. Para 1893 abre sus puertas en la Casa de los Herrera “Hotel Americano”, calle de Colombia, en la actualidad de Bolívar. Este mismo año la empresa Párraga Otálora completó la obra del reconocido “Hotel de los Baños” fabricando en el extremo que daba al mar, dos espaciosos salones para dar mayor amplitud al edificio. Este establecimiento se inició como baños públicos de mar de acuerdo a las Memorias del Ministerio de fomento de 1867. Con los años fue transformado en el afamado hotel, icono de Puerto Cabello durante el siglo XX, tiempo en que también se dio a conocer “Hotel Riviera”, ubicado en la vieja casona de la calle de Bolívar, propiedad de la familia Kolsster. Casa donde se hospedaba el Gral. Juan Vicente Gómez, cuando venía al Puerto. Lamentablemente estos últimos hoteles fueron demolidos en la década de los setenta.

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Anuncio Hotel de France, octubre de 1891.

en Puerto Cabello se destinaron 1.100.000 Bs., una inversión menor a la destinada para Caracas

En el siglo XX se desarrolla un nuevo concepto hotelero, el gobierno nacional se dispone a desarrollar complejos turísticos, acompañados de lugares para el disfrute marino. En 1938 entre las obras de carácter remunerativo señaladas por el Presidente de la República en el Plan Trienal, se incluyen hoteles y balnearios. El total de la inversión prevista era de 5.865.000 Bs. Para hoteles en Puerto Cabello se destinaron 1.100.000 Bs., una inversión menor a la destinada para Caracas que fue de 3.400.000 Bs., pero superior a los Hoteles y Balnearios de “Aguas Calientes”, Macuto y San Juan de los Morros.

Hoy por hoy, Puerto Cabello a pesar de sucumbir ante las adversidades de estar comúnmente sometida a las desobediencias armadas, sigue siendo componente esencial dentro de la historia del hospedaje nacional; aunque sea materia poco abordada, esta urbe no sólo fue teatro de operaciones militares, más aún,  representó (y seguirá representando) un verdadero paraíso de encanto para el disfrute de los viajeros, y no debe olvidarse que por algún motivo es llamada cariñosamente como “la ciudad cordial de Venezuela”.

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Antigua Casa Kolster, más tarde Hotel La Riviera, c. 1968. – Puerto Cabello. Foto: Memorabilia Porteña

Elvis López


Referencias:  

Bibliográficas
  • Carlos F. Duarte. Misión Secreta en Puerto Cabello y Viaje de Caracas 1783, Caracas 1991.
  • Depons, F. Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme en la América Meridional. Caracas, ed. 1990
  • Anselme De Gisors. Puerto Cabello América Austral, 1793.
  • Bosquejo de Estado Actual de Caracas 1810-1811. Ediciones del Grupo Montana. 1963
  • Pedro Cunill Grau. El País Geográfico en el Guzmanato. Ediciones del Congreso de la República. Caracas 1984
  • Ordenanzas, Resoluciones, y Acuerdos de la Provincia de Carabobo. Valencia. Imprenta Colombiana 1856.
  • Karl Ferdinand Appun. “En Los Trópicos”. Ediciones de la UCV. Caracas 1961.

Hemerográficas

  • “El Comercio” 1887
  • “Diario Ahora” 1938
  • “La Prensa Libre” 1878.
  • “El Federalista de Caracas” 1865, 1869

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