A pocas horas de terminar un año más, bajo el ardiente sol de oriente, me tomo unos minutos para realmente reflexionar sobre los 365 días transcurridos. Fue un año como cualquiera, los días duraron 24 horas, las semanas 7 días y los meses a veces parecían durar menos de 30. Y algo particular ocurrió este año, me encuentro en el mismo sitio en donde recibí el 2016, lo cual sin duda ofrece una oportunidad única de pensar en lo que aconteció.

Efectivamente la crisis se puso fea, los bajos precios del barril de petróleo se oyeron en las colas del supermercado. La inseguridad se sintió cuando una vez más toco despedir a esos seres queridos, aventureros, que partieron en búsqueda de progreso. El hambre se ve en las calles con su gente pidiendo en los semáforos. En tema económico ocurrió todo lo que se anunciaba hace un año, solo que nadie puede estar realmente preparado para perder.

Sorpresas a nivel internacional conmocionaron al mundo, un presidente de un grupo de empresas multimillonarias ahora es presidente de millones de personas, las guerras siguen devastando los pueblos, muchos no saben qué hacer con los refugiados y un reino ya no es parte de la Unión Europea. También despedimos a grandes artistas que marcaron tendencia, y a otros desconocidos que fueron un hashtag trending. El orden mundial está cambiando y eso tampoco es nuevo… aun así, nadie está preparado para perder.

Cosas increíbles siguen ocurriendo, el juego más esperado tuvo su debut e historias inspiradoras no dejaron de llegar. Una de las sagas más queridas finalmente tuvo su continuación en papel, mientras que la otra tuvo una aparición en la gran pantalla. Descubrimos que Einstein si tenía razón y que el Zika podría ser mortal (conteniendo en el camino una pandemia mundial). Recuperamos la capa de ozono y salvamos una especie. Tuvimos una temporada épica de Game of Thrones y las redes sociales se volvieron aún más increíbles. Ah, sin contar que los Cachorros de Chicago pudieron ganar la Serie Mundial y acabar con la maldición de más de un siglo (contando entre sus filas con unos venezolanos).

Lo cierto es que muchas cosas han ocurrido, en lo personal también fue un año movido, por lo que ahora me complace tener como único plan pasarla bien.

El año que viene también será un año como cualquier otro, a pesar de que creamos que será algo totalmente innovador, los días seguirán teniendo 24 horas y las semanas 7 días, los meses seguirán pasando rápido y la mayoría no irá al gimnasio. Con esto quiero decir que realmente lo que marca una diferencia es la actitud que tomemos con el día y a día… y aunque no tengamos la certeza de que mañana amanecerá, si puedo saber de qué el momento en que abra mis ojos, tendré una vez más el cielo en lo alto, la tierra bajos mis pies y un corazón latiendo… y eso es suficiente para hacer de un año típico, inolvidable.

Así que, querido 2016, me alegro hayas terminado. A ti 2017, trata de ser un poco amable. Por favor.

Y a todos allá afuera, feliz año nuevo.

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Andrea Molina
Editora @RevistaPCD. Me gusta el te negro y estudio Francés. Estudiante de Psicología. Preparadora Universitaria.